Sabes que no quieres criar como te criaron a ti.

Pero a veces te escuchas y te reconoces. No es que seas mala madre. Es que nadie puede dar lo que no recibió… hasta que sana lo que le faltó.

Hay algo que nadie te cuenta cuando te conviertes en madre.

Que el amor no basta. Puedes querer a tus hijos con toda tu alma, leer todos los libros de crianza consciente, prometerte mil veces que vas a hacerlo diferente… y aun así, en los momentos de más tensión, escucharte a ti misma con una voz que no reconoces. O que reconoces demasiado bien.

No es un fallo tuyo. Es tu historia hablando por ti.

El maltrato no siempre son golpes. A veces es la exigencia constante que nunca tiene fin. El silencio como castigo. La mirada que juzga. La infancia donde aprendiste que tus emociones eran un problema, que el amor había que ganárselo, que más te valía no molestar.

Eso deja huella. Aunque hayas construido una vida completamente diferente. Aunque seas la madre más entregada del mundo. Porque esas heridas no desaparecen solas. Se quedan dentro. Y cuando menos te lo esperas, se cuelan en la relación con tus hijos.

En la impaciencia que no entiendes de dónde viene.

En la culpa que no te abandona nunca.

En esa sensación de que, por mucho que lo intentes, algo sigue sin cambiar.

La buena noticia es esta: puedes romper esa cadena.

No con más fuerza de voluntad. No con más técnicas de crianza. Sino yendo al origen, a lo que realmente está pasando dentro de ti, y sanándolo de verdad. Tal y como me pasó a mí. Te entiendo perfectamente. Es por eso que hago lo que hago y es por lo que he creado Decidiendo Ser Libre, que si quieres saber más, te lo dejo ahí.

Comunidad Decidiendo ser Libre

Una comunidad para madres que han decidido que su pasado ya no define cómo crían a sus hijos. Sanamos nuestra historia para transformar la de ellos. Aunque parezca difícil. Especialmente entonces.

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